Raúl Argemí. Sin retiro. Mary Sánchez, ya jubilada, no abandona la lucha por la educación pública y los derechos de los docentes.
Por si fuera necesario presentar a Mary Sánchez, alcanza con recordar que fue parte del grupo fundador de la Ctera (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) en el Día del Maestro de 1973. Los presupuestos sobre los que se creaba ese organismo de coordinación y unidad eran la defensa de la escuela pública, por la educación como un derecho social y por la dignidad en el trabajo de los educadores. Puntos a los que el devenir posterior sumaría el reclamo de justicia para los desaparecidos por la dictadura, muchos de ellos docentes. A pocos días del comienzo del ciclo lectivo 2015, cuando, como cada año, se discuten los salarios por venir, Miradas al Sur dialogó con Mary Sánchez en busca de una comparativa histórica que mostrara avances o retrocesos.
–Desde la perspectiva que da estar alejada de la trinchera inmediata de la discusión sindical, ¿en qué situación encuentra hoy la educación, tanto en lo que refiere tanto a la enseñanza como a la situación laboral, en comparación con tiempos anteriores?
–Ya no estoy en la trinchera de lo sindical, pero sigo en la de la educación; a eso no se puede renunciar. Para mí es evidente que se avanzó mucho, y no puedo, no se puede, separar ese avance de lo político. Yo me recibí y trabajé como docente la mayor parte del tiempo en dictaduras, o “dictablandas”, es igual. La educación, en todos los niveles, estaba marcada por la política dictatorial, de la misma manera que en los ‘90 estuvo marcada por el neoliberalismo. Y todas las reformas que se hicieron con las dictaduras o en los ‘90 produjeron la exclusión del sistema educativo de miles de jóvenes, quitándoles la oportunidad de formarse. Eso sucedió con los alumnos, con la escuela pública, pero también sucedió con la formación de los docentes. Muchos, no sé en qué numero, de los docentes que se formaron en ese tiempo hoy están en colegios secundarios y tienen choques con los alumnos. Hoy, los adolescentes, crecieron en democracia y reclaman libertad y participar. La formación de las dictaduras dejó un rastro que hace difícil ese proceso.
–¿Eso sería válido para los docentes y también para los padres de esos alumnos?
–El docente no está al margen de la sociedad, no es distinto. Tiene una formación, digamos técnica, para enseñar, pero la educación es un producto de la escuela, la familia, el pueblo. El docente puede tener más claras algunas cosas, pero no es un fenómeno aparte. De hecho estamos recuperando, y todavía falta, 30 años de fragmentación de la educación en todos sus niveles, desde los planes de estudio hasta las infraestructuras necesarias y los salarios de los trabajadores de la educación. Los planes de descentralización, más allá de cómo se los justificara, sirvieron para transferir el vaciamiento a las provincias, y hoy aún no se ha producido el cambio. De una provincia a otra hay diferencias en la aplicación de los planes de estudio, en las condiciones de trabajo, en lo que ganan los docentes. Se ha avanzado mucho, colaborando estrechamente todos los sectores de la comunidad educativa, especialmente los sindicatos, que desarrollando su trabajo específico y la formación docente. Descentralizar no debe ser que haya 24 sistemas educativos diferentes.
–Ese punto fue una deuda muy antigua. La posibilidad de que el docente tuviera un tiempo rentado para seguir avanzando en su formación.
–Eso era fundamental, que la formación, el adecuamiento a las nuevas realidades, entrara en el horario de trabajo. Para una ecuación de calidad es indispensable la formación continua. Para cambiar, por ejemplo, lo que nos dejó la formación en dictaduras. Lo cierto es que todo esto es parte de un panorama muy rico, que incluye a sectores de la población que estaban marginados. Por supuesto que no somos perfectos, pero si uno ve el desarrollo de, por ejemplo, las universidades en el Gran Buenos Aires, y la concurrencia de miles de alumnos, queda claro que era una necesidad que tiene una respuesta. Porque no sólo son los jóvenes los que pueden estudiar, también son los mayores, que no pudieron hacerlo antes porque la realidad económica se lo impidió y ahora vuelven a las aulas para terminar sus estudios secundarios.
–Tal vez, terminar el secundario no incida directamente en su vida laboral, pero es parte de una realización personal también necesaria.
–Es que lo han vivido como una deuda, y ahora pueden cerrar ese ciclo. Es interesante por varios lados, porque la exclusión del sistema educativo transfiere la culpa a la víctima, al excluido, que se siente responsable de no haber terminado sus estudios. Y, por otro lado, es también interesante el efecto en los docentes, que tienen en clase gente adulta, que razona como adulta y eso favorece el crecimiento del educador, porque aparece con claridad la relación entre comunidad y escuela. El aprendizaje nunca es individual, siempre es colectivo, compartido; y en esos cursos también aprenden los maestros.
–Más allá de lo estrictamente reivindicativo, en el campo docente conviven muchas líneas de pensamiento y alineamientos políticos. ¿Eso resiente o fortalece la mirada sobre la educación?
–Hay de todo, porque tiene que estar abierta la discusión y el cuestionamiento. No es buena la “obediencia debida” a las políticas de un gobierno, pero tampoco perder de vista que en muchos casos, en la mayor parte de Latinoamérica, los docentes apoyaron los golpes de Estado más reaccionarios. Es que, al fin, los militares y los docentes siempre han sido instrumentados para la preservación del sistema. De todas maneras, hay que bajar el nivel de agresividad. De la escuela hacia el alumno y del alumno hacia la escuela, porque estamos formando ciudadanos.
–Parece haber una degradación de las relaciones entre esos actores.
–Hay muchas cosas que rever. Aparecen profesores pederastas, alumnos que les pegan a sus docentes, padres que participan de agresiones… hay que bajar ese nivel de agresividad, entendiendo, en la secundaria, que el adolescente pasa por una crisis de crecimiento, y que hay que acompañarlo. Por supuesto que eso necesita del compromiso de los padres, de la familia, de su entorno inmediato; la escuela es una parte. Recién ahora, en la provincia de Buenos Aires, se autorizaron los centros de estudiantes, a los que se oponían algunos sectores. Los estudiantes tienen que tener participación, porque la educación que queremos la tenemos que construir entre todos.
–En rigor no han pasado muchos años desde que el neoliberalismo completó la destrucción de la escuela pública, y eso explicaría que el avance no sea parejo en todos los andariveles, pero tal vez puede señalar algún punto que le parezca importante.
–La educación bilingüe, en el habla local. Tenemos argentinos que no hablan, como lengua madre, el castellano, como los mapuches en el sur o los qom en el norte. Y, eso, durante mucho tiempo alimentó la idea de que no sabían expresarse, lo que justificaba su fracaso escolar. Ahora, lentamente, se está caminando en esa dirección, para que la educación sea recibida en la lengua madre, la lengua cotidiana de los chicos. No es fácil, porque aparte de los cambios estructurales, también tiene que cambiar el docente. Pero si la educación es un derecho, también es un derecho que la reciban en su lengua.
Fuente: Miradas al Sur
Se confundió civilización con cultura, como en la escuela se sigue confundiendo instrucción con educación. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América.
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domingo, 15 de febrero de 2015
miércoles, 11 de febrero de 2015
En busca del protagonismo (Frei Betto)
El teólogo brasileño analiza uno de los mayores desafíos en un mundo actualmente hegemonizado por el capitalismo neoliberal: la educación crítica, cuyo principio básico no radica en formar meros profesionales calificados, sino en conformar ciudadanos y ciudadanas protagonistas de transformaciones sociales.Frei Betto. Escritor*
La educación escolar tiene un papel fundamental en el proceso de transformación social. A semejanza de la política y la religión, la educación sirve para liberar o alienar; despertar protagonismo o favorecer el conformismo; propiciar en los educandos una visión crítica o legitimar el status quo, como si fuera insuperable e inmutable; promover una praxis transformadora o sacralizar el sistema de dominación.
En este inicio del siglo XXI, la educación escolar difiere mucho de la que predominó en el siglo XX. Hoy en día, nuestra vida cotidiana se ve invadida por nuevas tecnologías que nos brindan, en tiempo real, informaciones capaces de incidir en nuestra forma de vivir y de relacionarnos (ciberespacio, relaciones virtuales, crisis de las ideologías libertarias, nuevos perfiles familiares y sexuales, monopolio y manipulación de la información, etcétera).
Como vivimos un cambio de época y navegamos entre la modernidad y la posmodernidad, estamos amenazados por una crisis de la identidad teórica. El instrumental teórico que tanto nos confortaba e incentivaba en el siglo XX, y que nos parecía tan sólido, se desplomó con el Muro de Berlín. Al contrario de lo que pregonaban los manuales de vulgarización del materialismo histórico, la historia retrocedió en Europa del Este.
Setenta años de socialismo en Rusia no fueron suficientes para formar los tan anhelados hombres y mujeres nuevos, dotados de inquebrantables valores éticos, disposición revolucionaria y menosprecio a las seducciones del capitalismo. Hoy Rusia es uno de los países más corruptos del mundo, y en él impera una brutal desigualdad económica.
¿Qué faltó en la Unión Soviética? Faltó una educación que, más allá de la escolaridad, de la transmisión cultural del país y de la humanidad, inculcara en los educandos una visión crítica de la realidad y un protagonismo social transformador.
De hecho, en muchos de nuestros países, capitalistas y socialistas, la educación escolar se convirtió en una prisión de la mente, donde las disciplinas curriculares se repiten sucesivamente, con vistas a la calificación de la mano de obra destinada al mercado de trabajo. No se reflexionó sobre la prioridad de formar ciudadanos y ciudadanas revolucionariamente comprometidos con el proyecto social emancipador.
Vivimos una era de impasse con respecto al futuro emancipado. Estamos en el limbo del proceso libertario. Los movimientos, grupos y partidos de izquierda, cuando existen, parecen perplejos en lo que toca al futuro. Muchos ceden a la fuerza cooptadora del neoliberalismo y cambian el proyecto de liberación social por el mero usufructo del poder, aunque eso implique traicionar las esperanzas de los oprimidos y los fundamentos teóricos que originaron esas fuerzas sociales y políticas.
La hegemonía capitalista ejerce un poder tan avasallador que muchos abdican del propósito de construir un nuevo modelo civilizatorio. Poco a poco, como si se tratara de un virus incontrolable, el capitalismo se impone en nuestras relaciones personales y sociales. Nos vamos adhiriendo a la creencia idolátrica de que “no hay salvación fuera del mercado”. En la esfera personal, abandonamos nuestra ideología libertaria a cambio de una zona de comodidad que nos permite acceder al poder y la riqueza, lo que nos libra de la amenaza de integrar el contingente de 2,6 miles de millones de personas que sobreviven hoy con un ingreso diario inferior a los 2 dólares.
Formación de conciencia crítica y de protagonistas sociales. La educación crítica es nuestro gran desafío en este mundo hegemonizado por el capitalismo neoliberal. Su principio es no formar meros profesionales calificados, sino ciudadanos y ciudadanas que sean protagonistas de transformaciones sociales. Por eso trasciende los límites físicos de la escuela y vincula a educadores y educandos a movimientos sociales, sindicatos, ONG, partidos políticos; en fin, a todas las instituciones que realizan actividades de transformación social. La educación crítica sólo se desarrolla en sintonía con los procesos reales de emancipación en curso y las reflexiones teóricas que los fundamentan.
La educación que busca la formación de conciencia crítica y de ciudadanos militantes comprometidos con la transformación social debe tener en cuenta la intercalación de tres tiempos: el tiempo de las estructuras (más largo); el tiempo de las coyunturas (más inmediato y factible de cambiar a mediano plazo); y el tiempo de lo cotidiano (en el cual vivenciamos el conflicto permanente entre la satisfacción de nuestros intereses personales y la conciencia de las demandas altruistas, que nos exigen ser para los demás, o simplemente, ser capaces de amar).
El tiempo de las estructuras debe ser objeto de la educación escolar. Es él el que nos remite a la historia de la historia, a los grandes procesos sociales con sus avances y retrocesos, a los triunfos y las derrotas, a las virtudes y las contradicciones.
Mientras más conscientes son educadores y educandos del tiempo estructural, más se contextualizan y se entienden a sí mismos como herederos de una historia que avanza, en medio de dificultades, de la opresión a la liberación.
Tener conciencia del tiempo de las estructuras es tener conciencia histórica y no dejarse ahogar en el mar de contradicciones de los tiempos coyuntural y cotidiano. Cada uno de nosotros es un pequeño eslabón en la vasta corriente del proceso social. Sólo si tenemos conciencia de la amplitud de esa corriente comprendemos la importancia del eslabón que somos. Una educación que no se abre al tiempo de las estructuras corre el grave riesgo de ser cooptada por la estructura mundialmente hegemónica.
El tiempo de las coyunturas es el de los cambios cíclicos que producen inflexiones en las estructuras, aunque sin alterarlas sustancialmente. Es la acumulación de coyunturas la que influye en el cambio del tiempo de las estructuras. El gran desafío consiste en saber cómo comportarse en determinada coyuntura para mejorar o transformar la estructura. La coyuntura es el presente, el aquí y ahora, mientras que la estructura, que condiciona las coyunturas, no es fácilmente perceptible, a menos que se tenga conciencia histórica para poder encuadrar la parte en el todo, el detalle en el conjunto, el presente en las causas del pasado y en las alternativas de futuro.
El tiempo de lo cotidiano es el del día a día, en el cual transitamos o tropezamos, movidos por ideales altruistas, solidarios, y, a la vez, atraídos por las seducciones del acomodo y el individualismo. Es en el tiempo de lo cotidiano que la educación actúa, permite una comprensión crítica de la coyuntura y despierta el imperativo de comprometerse con la transformación de la estructura.
Vivimos inmersos en ese tiempo cotidiano, muchas veces movidos por utopías libertarias y, al mismo tiempo, desanimados al percatarnos cada día de que la materia prima del futuro es humana, siempre frágil, ambigua y contradictoria.
La formación de conciencia crítica y protagonismo social es resultado de un proceso pedagógico que intercala los tres tiempos para evitar que nos perdamos en un idealismo cuyo discurso no se adecua a la realidad, o en la mezquindad de un cotidiano que no siempre refleja los valores en nombre de los cuales lo asumimos. Ese es el caso de los militantes supuestamente revolucionarios que hacen de su función de poder un nicho de acomodo burgués y provecho personal. Y ello se aplica al director de la escuela, al obispo de la iglesia, al gerente de la empresa, etc.
Es importante tener siempre presente que nuestro cotidiano transita bajo la hegemonía de un determinado proceso civilizatorio, el de la burguesía europea, y de un único sistema económico globalizado, el capitalista, aunque vivamos en un país socialista.
Por tanto, nuestro tiempo cotidiano debe aspirar a incidir en el tiempo coyuntural para poder modificar el tiempo estructural global. Para eso no bastan los principios teóricos y las prácticas colectivas. Es preciso que a los principios y las prácticas los oriente una ética que tenga en su centro los derechos de los pobres, los oprimidos y los excluidos. Sin esa alteridad amorosa, todo proyecto emancipatorio o revolucionario corre el riesgo de congelarse, aprisionado por sus propias estructuras de poder, emitiendo un discurso desvinculado de la práctica, abriéndole paso a la esquizofrenia de crear en el imaginario colectivo, en nombre de la emancipación, la expectativa de un futuro burgués para cada ciudadano y ciudadana.
Comparados con el tiempo veloz de los aspectos coyunturales y el tiempo aparentemente caótico de lo cotidiano, los cambios estructurales son lentos, procesuales, y sólo se pueden evaluar debidamente sus avances cuando se ponen lado a lado las conquistas del presente con los atrasos del pasado.
De la educación individualista a la educación cooperativa. Desde Marx hasta la Teología de la Liberación, todos sabemos que no existirá emancipación plena sin la superación del sistema capitalista. Una educación crítica y liberadora no debe perder de vista esa meta. Debe despertar en los educandos una visión crítica que no se limite a consignas repetitivas, que más que profundizar la razón exacerban la emoción.
Aunque se viva en un país socialista como Cuba, todos estamos sometidos a la hegemonía del pensamiento único neoliberal y de la economía capitalista centrada en la apropiación privada de la riqueza. El neoliberalismo, como un virus que se propaga casi imperceptiblemente, se introduce en los métodos pedagógicos y las teorías científicas, en resumen, en todas las ramas del conocimiento humano. Así, instaura progresivamente ideas y actitudes que fundamentan la ética de las relaciones entre los seres humanos y entre los seres humanos y la naturaleza.
En la lógica neoliberal, la inclusión del individuo como ser social se mide por su inserción en el mercado como productor y consumidor. La posesión de mercancías revestidas de valor determina las relaciones humanas. Es el fetiche que denunciara Marx. Esa inversión de la relación –según la cual la mercancía tiene más valor que la persona humana, y la persona humana es valorizada en la medida en que hace ostentación de mercancías de valor– contamina todo el organismo social, inclusive la educación y la religión, como denunciara el papa Francisco el 22 de diciembre de 2014 al señalar las “15 enfermedades” que corroen a la curia romana.
De ello se deriva una ética perversa que subraya como valores la competitividad, el poder de consumo, los símbolos de riqueza y poder, la supuesta mano invisible del mercado. Esa perversión ética debilita a los organismos que fortalecen a la sociedad civil, como los movimientos sociales, los sindicatos, las asociaciones barriales, las ONG, etcétera. El patrón que se debe adoptar ya no es el de la alteridad y la solidaridad, sino el del consumismo narcisista y la competitividad.
¿Cómo superar hoy ese patrón de vida capitalista que, si no rige nuestro estatus social, muchas veces predomina en nuestra mentalidad? En eso a la educación le corresponde el papel preponderante. Entre otras cosas, porque la actual coyuntura no es proclive a los cambios estructurales por la vía del “asalto” al aparato del Estado. Eso no significa, como supone cierta parcela de la izquierda, que las revoluciones son hechos irrepetibles del pasado y, por tanto, ya no hay alternativa sino adaptarse al nuevo “determinismo histórico”: la hegemonía del mercado.
La historia demuestra que ocurrieron cambios estructurales significativos sin un “asalto” al Estado, como fueron el paso del esclavismo al feudalismo y del feudalismo al capitalismo. Hoy, una de las armas más poderosas para superar el capitalismo es una educación crítica y cooperativa, capaz de crear nuevos parámetros de conocimiento y promover nuevas praxis emancipadoras.
Es mediante la educación que se moldean las subjetividades que le imprimen significado a los fenómenos sociales. Con frecuencia sucede que se vive un antagonismo entre lo microsocial (pautado por la subjetividad) y lo macrosocial (pautado por las estructuras). En Cuba se encuentra un buen ejemplo: en la década de 1950, un grupo de jóvenes revolucionarios (microsocial) se hizo consciente, gracias a la educación política (subjetividad) de la importancia de modificar la estructura del país (macrosocial). Hoy Cuba es un país de estructura socialista, pero no todos los cubanos disciernen lo que eso significa, y algunos sueñan con disfrutar, bajo el socialismo, de un estilo de vida capitalista (microsocial).
La educación crítica y cooperativa es capaz de superar ese antagonismo al formar protagonistas o militantes que reproduzcan las bases materiales y espirituales del socialismo, cuyo sustento es la solidaridad.
Para ello, es necesario que la educación sepa situar a educadores y educandos en relación con el pasado y el futuro. Ello sólo es posible a partir del aquí y el ahora, del presente. Es nuestro modo de pensar y actuar en el presente lo que resignifica nuestra manera de encarar el pasado y el futuro.
La educación tiene el poder necesario para destronar una racionalidad dominante e introducir otra, siempre que no sea meramente teórica y se vincule a procesos efectivos de producción material de la existencia. Resulta siempre oportuno recordar la observación de Marx de que no nos diferenciamos de los animales por nuestra capacidad para pensar (tal vez las abejas, por ejemplo, posean una lógica algebraica más depurada que la nuestra), sino por la capacidad de reproducir nuestros medios de subsistencia.
Una educación crítica, liberadora, es la que aspira a conquistar la hegemonía mediante el consenso, mediante prácticas efectivas, y no mediante la coerción ideológica. Debe abarcar todas las disciplinas escolares, desde las ciencias exactas hasta la educación física, superando las relaciones fundadas en la economía del intercambio en aras de una economía solidaria, cuya base sea la cooperación.
Todos sabemos que las relaciones mercantilistas influyen en las concepciones de quienes las adoptan o se dejan regir por ellas. Para citar sólo algunos ejemplos, esas relaciones acentúan el individualismo e inciden sobre los mecanismos de relacionamiento en el trabajo, la física moderna, la biología darwinista de la sección natural. Ni siquiera la concepción mecanicista del marxismo, que profesaba la fe en un “irrefrenable determinismo histórico” logró escapar de su influencia. Es eso lo que induce a los educandos a creer que el mercado obedece a una “ley natural”, y que fuera de él no hay alternativa. Es eso lo que nos lleva, literalmente, a torturar a la naturaleza para que nos suministre sus frutos cuanto antes.
Por tanto, debemos preguntarnos, ¿para qué sirve la educación? ¿Para adaptar a los educandos al status quo? ¿Para transmitir el patrimonio cultural de la humanidad como si fuera el resultado de la acción intrépida de héroes y genios? ¿Para formar mano de obra calificada para el mercado de trabajo? ¿Para adiestrar individuos competitivos?
Una educación crítica y solidaria engloba a todos los actores de la institución escolar: los alumnos, los profesores, los funcionarios y las familias de todos ellos. Y trasciende los muros de la escuela para vincularse participativamente con el barrio, la ciudad, el país y el mundo. Las puertas de la escuela permanecen abiertas a los movimientos sociales, los actores políticos, los artistas, los trabajadores. Y la óptica de su proceso pedagógico enfatiza esta verdad que la lógica mercantilista intenta encubrir: los fundamentos de la evolución de la naturaleza y de la historia de la humanidad están mucho más centrados en la cooperación, en la solidaridad, que en la selección natural, la competitividad y la exclusión.
Una educación crítica y cooperativa es deliberadamente contrahegemónica, y procura ubicar el destino de sus educandos en el destino global de la humanidad. El valor de la escuela se evalúa por su capacidad para insertar a los educandos y los educadores en prácticas sociales cooperativas y liberadoras. Por eso es indispensable que la escuela tenga claridad acerca de su proyecto político pedagógico, en torno al cual debe prevalecer el consenso de sus educadores. Sin esa perspectiva, la escuela corre el peligro de convertirse en rehén de la camisa de fuerza de su currículo, como un mero aparato burocrático de reproducción bancaria del saber.
Si queremos atrevernos a reinventar el futuro, debemos comenzar por revolucionar la escuela, transformándola en un espacio cooperativo en el cual convivan la formación intelectual, científica y artística; la formación de conciencia crítica; la formación de protagonistas sociales éticamente comprometidos con los desafíos de construir otros mundos posibles, fundados en compartir los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano.
*Conferencia del teólogo brasileño en el Congreso Internacional de Pedagogía en Cuba, del 26 al 30 de enero de 2015.
Fuente http://sur.infonews.com/nota/10472/en-busca-del-protagonismo
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer
El 25 de noviembre de 1960 fueron asesinadas, por la dictadura militar de Trujillo en República Dominicana, las hermanas Mirabal. Conocidas como las Mariposas, Patria, María Teresa y Minerva, dedicaron gran parte de su corta vida a luchar por la libertad política de su país, oponiéndose firmemente a una de las tiranías más opresoras y duras que tenía Latinoamérica en ese momento.
En 1981 el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, decidió marcar el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, recordando el asesinato de las hermanas Mirabal.
En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se definió la "violencia contra la mujer" como "Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada."
La violencia hacia las mujeres es una problemática mundial que afecta en mayor o menor medida a millones de niñas, adolescentes y mujeres adultas que padecen discriminación, desarraigo, padecimiento físico y psicológico, perdiendo no solo posibilidades de desarrollo pleno como personas sino la vida por el sólo hecho de ser mujeres.
La violencia hacia las mujeres, un problema social
Durante años, los movimientos de Derechos Humanos y el movimiento de Mujeres en nuestro país, han desplegado enérgicas luchas por lograr una legislación adecuada a los compromisos asumidos por el Estado argentino en los pactos internacionales de derechos humanos.
A pesar de la visibilidad que ha tomado la violencia de género contra las mujeres en nuestra sociedad, en los barrios, en las comunidades, en las escuelas, sigue siendo uno de los problemas más sentidos y una demanda constante.
Esta demanda está fundamentalmente centrada en la violencia de género que es ejercida en el marco de una relación afectiva por novios, parejas, maridos o ex parejas por lo cual haremos foco en este recorte específico, sin desconocer la importancia de otras manifestaciones como la trata, el tráfico, el acoso, la violación callejera, etc. También podemos suponer, aún sin tener cifras oficiales, que es aquella manifestación de violencia más extendida y prevalente en nuestro país.
El Observatorio de Femicidios "Marisel Zambrano", que depende de la Casa del Encuentro, viene elaborando informes sobre los femicidios de niñas y mujeres registrados en Argentina a partir de 2008. Esos informes demuestran que no se trata de casos aislados ya que unas 295 mujeres fueron asesinadas en Argentina en el marco de la violencia de género en 2013. Desde 2008 hasta 2014 fueron asesinadas 124 adolescentes, de entre 13 y 18 años.
La escuela, un lugar de reflexión, prevención y aprendizaje de buen trato
Los estudios de género desde la década de los ´60 permiten afirmar que la violencia sobre las mujeres es de origen cultural, se asienta en el control real y simbólico de sus cuerpos, sus oportunidades y sus decisiones. Y, en algunas ocasiones, hasta de sus deseos. Esto significa que al ser un fenómeno cultural es posible cambiar aquellos valores sociales que justifican la superioridad masculina, causa profunda de las diferentes manifestaciones de la violencia de género.
La implementación de la Ley de Educación Sexual Integral como un derecho de todos los niños, niñas y adolescentes, en las aulas de todo el país, es un paso indispensable en el camino de proporcionar la información y la reflexión necesarias para aportar a la constitución de una sexualidad que al mismo tiempo sea libre y sea responsable.
La escuela representa un lugar de prevención, con un enfoque integrador de la sexualidad, desprendido del componente moralista o meramente biologicista basado en los derechos sexuales y derechos reproductivos de niños, niñas y adolescentes desde una perspectiva de género, que debe contribuir a la problematización de las distintas formas de violencia contra las mujeres, interpelando representaciones y prácticas, buscando en la práctica cotidiana la ruptura de estereotipos, promoviendo un trato igualitario.
Dos aspectos de la violencia hacia las mujeres que podemos abordar en la escuela
La violencia es una dimensión constitutiva de la cultura, es una producción social que funda la civilización mediante la acción de las instituciones que "moldean" los comportamientos de los sujetos que las habitan. Aquí la familia y la escuela ocupan un lugar central como estructuradoras de la vida social.
Por ello abordar conjuntamente familias – escuela la problemática de las relaciones afectivas que se establecen entre adolescentes y la del trabajo infantil resultan claves para desnaturalizar aspectos arraigados en la cultura.
En la violencia en los noviazgos es importante promover y hacer un trabajo de concientización en las adolescentes y jóvenes, para desnaturalizar aquello que puede considerarse como aceptable en una relación afectiva. Las jóvenes y adolescentes pueden construir una idealización del amor romántico, que todo lo perdona, que todo lo entiende, concebir esa relación como de amor para toda la vida. Creer que si hay celos es porque hay amor, o que si no hay libertad de estar con amigas, de vestirse de determinadas maneras es una forma de cuidado, debilita a la joven en la toma de decisiones y puede ser el inicio de una relación de violencia.
El número de niñas que trabajan suele ser subestimado por los estudios estadísticos. A menudo no dan cuenta de los ocupados en lo que no se considera actividad económica, tal como el trabajo en empresas familiares y el trabajo doméstico, de la cantidad de niñas que se se dedican al trabajo doméstico. El trabajo doméstico es visto tradicionalmente como trabajo fácil y seguro para las niñas. Sin embargo, cada vez más se demuestra que puede ser muy peligroso y ha sido reconocido como una posible peor forma de trabajo infantil.
Una abrumadora mayoría ocupada en el trabajo doméstico son niñas, y muchos enfrentan abusos físicos, emocionales o sexuales, pierden tiempo para la escolaridad adecuada y en casos extremos hasta pierden la libertad propia de sus edades.
Podemos poner en debate estas cuestiones entre trabajadoras y trabajadores, con las familias, con las niñas, niños y adolescentes, con la comunidad para ir transformando las percepciones y sensibilidades promoviendo cambios de modelos de conducta, de valores y de relaciones afectivas.
Las trabajadoras de la educación y la violencia hacia las mujeres
El colectivo de mujeres trabajadoras de la educación no es ajeno a la problemática de violencia hacia las mujeres. Al igual que en cualquier otra mujer, la ruptura de una relación afectiva por cualquier tipo o modalidad de violencia pone en estado de crisis la vida misma.
Por ello desde el SUTEBA se promueve el reconocimiento de una licencia especial ante violencia de género para todas las trabajadoras de la educación de la provincia de Buenos Aires que proteja el puesto de trabajo, ante situaciones enmarcadas en la Ley Nacional N° 26485 y la Ley Provincial N° 12569 y que otorgue garantías de goce integro de haberes y posibilidad de traslado jurisdiccional o interjurisdiccional con reserva de destino, así como el tiempo para la asistencia necesaria.
Esta iniciativa tiene por objetivo, además de la protección de la mujer trabajadora, visibilizar la problemática que afecta a miles de mujeres en nuestro país.
A comienzos de 2014 el trabajo de ATECH (Chubut) se vio reflejado en la obtención de esta licencia a través de acuerdo paritario así como también desde AMSAFE ( Santa Fe), AGMER ( Entre Ríos) y UTELPA (La Pampa) se impulsa el reconocimiento de esta problemática.
Desde SUTEBA en el ámbito de las delegadas paritarias se empezará a tratar un borrador de trabajo que se compartirá en los cuerpos de delegados para oportunamente incorporar el tema a la agenda de las Comisiones Técnicas Paritarias, teniendo como objetivo que el debate y la apropiación de este derecho sea un ejercicio de ciudadanía.
La articulación de políticas públicas para desarmar las matrices culturales que provocan la desigualdad entre varones y mujeres y poder brindar respuestas eficaces para proteger a las mujeres en situación de violencia es un imperativo que no debe postergarse.
Fuente Página 12
En 1981 el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, decidió marcar el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, recordando el asesinato de las hermanas Mirabal.
En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se definió la "violencia contra la mujer" como "Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada."
La violencia hacia las mujeres es una problemática mundial que afecta en mayor o menor medida a millones de niñas, adolescentes y mujeres adultas que padecen discriminación, desarraigo, padecimiento físico y psicológico, perdiendo no solo posibilidades de desarrollo pleno como personas sino la vida por el sólo hecho de ser mujeres.
La violencia hacia las mujeres, un problema social
Durante años, los movimientos de Derechos Humanos y el movimiento de Mujeres en nuestro país, han desplegado enérgicas luchas por lograr una legislación adecuada a los compromisos asumidos por el Estado argentino en los pactos internacionales de derechos humanos.
A pesar de la visibilidad que ha tomado la violencia de género contra las mujeres en nuestra sociedad, en los barrios, en las comunidades, en las escuelas, sigue siendo uno de los problemas más sentidos y una demanda constante.
Esta demanda está fundamentalmente centrada en la violencia de género que es ejercida en el marco de una relación afectiva por novios, parejas, maridos o ex parejas por lo cual haremos foco en este recorte específico, sin desconocer la importancia de otras manifestaciones como la trata, el tráfico, el acoso, la violación callejera, etc. También podemos suponer, aún sin tener cifras oficiales, que es aquella manifestación de violencia más extendida y prevalente en nuestro país.
El Observatorio de Femicidios "Marisel Zambrano", que depende de la Casa del Encuentro, viene elaborando informes sobre los femicidios de niñas y mujeres registrados en Argentina a partir de 2008. Esos informes demuestran que no se trata de casos aislados ya que unas 295 mujeres fueron asesinadas en Argentina en el marco de la violencia de género en 2013. Desde 2008 hasta 2014 fueron asesinadas 124 adolescentes, de entre 13 y 18 años.
La escuela, un lugar de reflexión, prevención y aprendizaje de buen trato
Los estudios de género desde la década de los ´60 permiten afirmar que la violencia sobre las mujeres es de origen cultural, se asienta en el control real y simbólico de sus cuerpos, sus oportunidades y sus decisiones. Y, en algunas ocasiones, hasta de sus deseos. Esto significa que al ser un fenómeno cultural es posible cambiar aquellos valores sociales que justifican la superioridad masculina, causa profunda de las diferentes manifestaciones de la violencia de género.
La implementación de la Ley de Educación Sexual Integral como un derecho de todos los niños, niñas y adolescentes, en las aulas de todo el país, es un paso indispensable en el camino de proporcionar la información y la reflexión necesarias para aportar a la constitución de una sexualidad que al mismo tiempo sea libre y sea responsable.
La escuela representa un lugar de prevención, con un enfoque integrador de la sexualidad, desprendido del componente moralista o meramente biologicista basado en los derechos sexuales y derechos reproductivos de niños, niñas y adolescentes desde una perspectiva de género, que debe contribuir a la problematización de las distintas formas de violencia contra las mujeres, interpelando representaciones y prácticas, buscando en la práctica cotidiana la ruptura de estereotipos, promoviendo un trato igualitario.
Dos aspectos de la violencia hacia las mujeres que podemos abordar en la escuela
La violencia es una dimensión constitutiva de la cultura, es una producción social que funda la civilización mediante la acción de las instituciones que "moldean" los comportamientos de los sujetos que las habitan. Aquí la familia y la escuela ocupan un lugar central como estructuradoras de la vida social.
Por ello abordar conjuntamente familias – escuela la problemática de las relaciones afectivas que se establecen entre adolescentes y la del trabajo infantil resultan claves para desnaturalizar aspectos arraigados en la cultura.
En la violencia en los noviazgos es importante promover y hacer un trabajo de concientización en las adolescentes y jóvenes, para desnaturalizar aquello que puede considerarse como aceptable en una relación afectiva. Las jóvenes y adolescentes pueden construir una idealización del amor romántico, que todo lo perdona, que todo lo entiende, concebir esa relación como de amor para toda la vida. Creer que si hay celos es porque hay amor, o que si no hay libertad de estar con amigas, de vestirse de determinadas maneras es una forma de cuidado, debilita a la joven en la toma de decisiones y puede ser el inicio de una relación de violencia.
El número de niñas que trabajan suele ser subestimado por los estudios estadísticos. A menudo no dan cuenta de los ocupados en lo que no se considera actividad económica, tal como el trabajo en empresas familiares y el trabajo doméstico, de la cantidad de niñas que se se dedican al trabajo doméstico. El trabajo doméstico es visto tradicionalmente como trabajo fácil y seguro para las niñas. Sin embargo, cada vez más se demuestra que puede ser muy peligroso y ha sido reconocido como una posible peor forma de trabajo infantil.
Una abrumadora mayoría ocupada en el trabajo doméstico son niñas, y muchos enfrentan abusos físicos, emocionales o sexuales, pierden tiempo para la escolaridad adecuada y en casos extremos hasta pierden la libertad propia de sus edades.
Podemos poner en debate estas cuestiones entre trabajadoras y trabajadores, con las familias, con las niñas, niños y adolescentes, con la comunidad para ir transformando las percepciones y sensibilidades promoviendo cambios de modelos de conducta, de valores y de relaciones afectivas.
Las trabajadoras de la educación y la violencia hacia las mujeres
El colectivo de mujeres trabajadoras de la educación no es ajeno a la problemática de violencia hacia las mujeres. Al igual que en cualquier otra mujer, la ruptura de una relación afectiva por cualquier tipo o modalidad de violencia pone en estado de crisis la vida misma.
Por ello desde el SUTEBA se promueve el reconocimiento de una licencia especial ante violencia de género para todas las trabajadoras de la educación de la provincia de Buenos Aires que proteja el puesto de trabajo, ante situaciones enmarcadas en la Ley Nacional N° 26485 y la Ley Provincial N° 12569 y que otorgue garantías de goce integro de haberes y posibilidad de traslado jurisdiccional o interjurisdiccional con reserva de destino, así como el tiempo para la asistencia necesaria.
Esta iniciativa tiene por objetivo, además de la protección de la mujer trabajadora, visibilizar la problemática que afecta a miles de mujeres en nuestro país.
A comienzos de 2014 el trabajo de ATECH (Chubut) se vio reflejado en la obtención de esta licencia a través de acuerdo paritario así como también desde AMSAFE ( Santa Fe), AGMER ( Entre Ríos) y UTELPA (La Pampa) se impulsa el reconocimiento de esta problemática.
Desde SUTEBA en el ámbito de las delegadas paritarias se empezará a tratar un borrador de trabajo que se compartirá en los cuerpos de delegados para oportunamente incorporar el tema a la agenda de las Comisiones Técnicas Paritarias, teniendo como objetivo que el debate y la apropiación de este derecho sea un ejercicio de ciudadanía.
La articulación de políticas públicas para desarmar las matrices culturales que provocan la desigualdad entre varones y mujeres y poder brindar respuestas eficaces para proteger a las mujeres en situación de violencia es un imperativo que no debe postergarse.
Fuente Página 12
jueves, 2 de octubre de 2014
Policías fueron a controlar asistencia de docentes en escuelas
Prensa Lista Ocre SUTEBA-CTA. Dejamos el título sin aclarar que la noticia es del Paraguay para reflexionar lo que ocurre en el resto de América. La Lista OCRE del SUTEBA-CTA difunde y repudia el accionar intimidatorio del gobierno paraguayo.
Así lo denunció la OTEP SN, que además informó que hoy amaneció una patrullera frente a su local controlando el movimiento de los maestros agremiados. El Gobierno revive prácticas de la dictadura, aseguran.
Fuente E'a octubre 1 de 2014
La Organización de Trabajadores de la Educación Sindicato Nacional (OTEP SN) denuncia que existe una política de amedrentamiento sistemático dirigida a las organizaciones sociales, principalmente a aquellas que están cuestionando la política actual del Gobierno. Así lo señaló Blanca Ávalos, secretaria general del gremio. Actitudes que se expresaban en la dictadura, como la presencia de patrulleras o policías encubiertos frente a casas de dirigentes, reuniones políticas y sociales, la presencia de pyragues, nuevamente reviven en la política de Estado para hacer sentir el aparato represivo, asegura.
Una patrullera policial amaneció hoy frente al local de la OTEP SN, en el segundo día de la Movilización Nacional “Por mayor presupuesto para educación y contra la persecusión sindical”. La OTEP SN denuncia que ayer policías recorrieron instituciones educativas del Departamento Central, alegando ser enviados por los supervisores del MEC para tomar lista de la asistencia de las trabajadoras y trabajadores de la educación.
“En la OTEP SN no retrocederemos y haremos denuncias públicas a nivel nacional e internacional. Con estas acciones se desenmascara la política de amedrentamiento y represión del gobierno antinacional y antipopular del presidente vendepatria Horacio Cartes”, afirmó Blanca Avalos.
Así lo denunció la OTEP SN, que además informó que hoy amaneció una patrullera frente a su local controlando el movimiento de los maestros agremiados. El Gobierno revive prácticas de la dictadura, aseguran.
Fuente E'a octubre 1 de 2014
La Organización de Trabajadores de la Educación Sindicato Nacional (OTEP SN) denuncia que existe una política de amedrentamiento sistemático dirigida a las organizaciones sociales, principalmente a aquellas que están cuestionando la política actual del Gobierno. Así lo señaló Blanca Ávalos, secretaria general del gremio. Actitudes que se expresaban en la dictadura, como la presencia de patrulleras o policías encubiertos frente a casas de dirigentes, reuniones políticas y sociales, la presencia de pyragues, nuevamente reviven en la política de Estado para hacer sentir el aparato represivo, asegura.
Una patrullera policial amaneció hoy frente al local de la OTEP SN, en el segundo día de la Movilización Nacional “Por mayor presupuesto para educación y contra la persecusión sindical”. La OTEP SN denuncia que ayer policías recorrieron instituciones educativas del Departamento Central, alegando ser enviados por los supervisores del MEC para tomar lista de la asistencia de las trabajadoras y trabajadores de la educación.
“En la OTEP SN no retrocederemos y haremos denuncias públicas a nivel nacional e internacional. Con estas acciones se desenmascara la política de amedrentamiento y represión del gobierno antinacional y antipopular del presidente vendepatria Horacio Cartes”, afirmó Blanca Avalos.
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